La formación en RSE se impone hoy en día como una herramienta imprescindible para hacer frente a la aceleración de los retos medioambientales y a las restricciones normativas. Las empresas ya no pueden limitarse a sensibilizar a sus equipos: ahora deben estructurar auténticos itinerarios formativos para transformar las prácticas de forma sostenible. Con motivo de una mesa redonda organizada por ORSYS, se han extraído varias conclusiones clave sobre el papel central de la formación en esta transformación.

La RSE, que en un principio se limitaba a acciones puntuales de comunicación o sensibilización, ha entrado en una nueva fase: la de la transformación operativa. Esta evolución se basa en un factor clave: la formación. Esta es una de las conclusiones de la mesa redonda organizada por ORSYS el pasado 9 de abril sobre el tema: «De la sensibilización a la transformación: ¿cómo contribuye la formación a acelerar los compromisos de las organizaciones en materia de RSE?».
Un tema que plantea numerosas cuestiones fundamentales. En primer lugar, ¿cómo pasar de la toma de conciencia a un cambio real de comportamiento? Pero también, ¿qué competencias hay que desarrollar y qué formatos pedagógicos hay que priorizar? Y, sobre todo, ¿cómo medir el impacto? Para responder a estas preguntas, ORSYS ha reunido a varios expertos y profesionales del sector, con perspectivas complementarias: sensibilización, ingeniería pedagógica, formación e implantación en la empresa. Gwénaëlle Dinspel, responsable de RSE de ORSYS, moderó el debate.
Repaso a las principales conclusiones de este debate.
Los participantes
Moderadora: Gwénaëlle Dinspel, responsable de RSE de ORSYS
Julien Courbe, responsable de la oferta formativa de ORSYS
Martin Desbois, experto en compras y responsable de RTE
Mathilde Hébert, cofundadora de Ma Petite Planète
Amandine Rovere, consultora y formadora especializada en RSE
¿Qué es la RSE?
La responsabilidad social de las empresas (RSE) se refiere a la integración voluntaria por parte de las empresas de las cuestiones medioambientales, sociales y éticas en sus actividades y su estrategia. Su objetivo es conciliar el rendimiento económico con un impacto positivo en la sociedad, implicando a todas las partes interesadas de la empresa: empleados, clientes, proveedores y comunidades locales. Esto incluye, por ejemplo, la reducción de su huella de carbono, el bienestar de los empleados o las prácticas éticas con sus socios. El objetivo: actuar de forma responsable sin dejar de ser competitivo.
De la sensibilización a la transformación de la RSE: un cambio de paradigma
La RSE ha evolucionado profundamente en los últimos años. De ser un tema a menudo secundario, se ha convertido en una herramienta estratégica para las organizaciones, destaca Gwénaëlle Dinspel antes de ceder la palabra a los participantes. Según ellos, ¿cuáles son los cambios más destacados en materia de compromiso con la RSE por parte de las organizaciones?
Para Martin Desbois, experto en compras responsables de RTE, esta transformación se basa en dos dinámicas principales: «la RSE se ha situado ahora al más alto nivel, con directivos que tienen claros estos retos» y el departamento de compras desempeña un papel clave, ya que representa «entre el 75 y el 80 % de la huella de carbono» en algunas organizaciones.
Lo mismo ocurre en el caso de’Amandine Rovere, consultora y formadora especializada en RSE, que observa una marcada evolución entre las pymes: ahora buscan «una RSE concreta, útil y eficaz», con soluciones operativas que puedan aplicarse directamente a su actividad.
Esta transformación también es cultural. Como señala Mathilde Hébert, cofundadora de Ma Petite Planète : «Hemos pasado de una RSE que era más bien una fachada a una RSE que supone una verdadera inversión». Dado que las empresas buscan un retorno de la inversión (ROI) en su enfoque de RSE, esta se percibe ahora como una palanca de solidez y adaptación al mundo del futuro.
Un cambio que también se refleja en las prácticas de formación. Julien Courbe, responsable de la oferta de ORSYS, confirma: «En 15 años, hemos pasado de la sensibilización a las competencias profesionales en materia de RSE», con un aumento de la oferta formativa sobre compras responsables, la prevención de riesgos psicosociales o incluso sobre cuestiones de ética y cumplimiento normativo.
De la sensibilización a la acción: el papel de los formatos atractivos
La pregunta clave es, pues: ¿cómo poner en marcha la acción?
Para Mathilde Hébert, la respuesta es clara: «La sensibilización y la acción son inseparables». El reto «Mi pequeño planeta» se inscribe en esta lógica. Durante tres semanas, los participantes experimentan de forma práctica: «prueban nuevas prácticas y adquieren nuevos hábitos». El punto de inflexión radica en que ya no son pasivos, sino que pasan a ser protagonistas de su propia sensibilización y formación. La eficacia del programa se basa también en la medición del impacto, para hacer un seguimiento de la evolución de los hábitos, y en la repetición.
Es con el paso del tiempo cuando los comportamientos evolucionan de verdad.
Cómo estructurar una estrategia de RSE: el ejemplo de RTE
En RTE, el enfoque se ha ido desarrollando progresivamente, impulsado por varios factores: la normativa, las expectativas de las partes interesadas, pero también el impulso de la dirección. Como explica Martin Desbois: «La sensibilización y la formación no son actividades aisladas, sino que se integran en una estrategia global ".
Esta estructuración se ha traducido en:
- la creación de un puesto dedicado a las compras responsables, que se duplicó rápidamente
- la formación de los equipos y los prescriptores
- la implantación de medidas concretas, como «criterios medioambientales obligatorios en todas nuestras licitaciones»
La formación se entiende en sentido amplio: cursos específicos, pero también el apoyo a los equipos de compras y a los prescriptores. La formación se convierte así en la base de la cultura de la RSE.
Cuando la sensibilización ya no basta: la formación en RSE
El paso a la formación suele producirse tras una primera toma de conciencia.
Según Amandine Rovere: «Los murales y los talleres permiten despertar ciertas conciencias». En poco tiempo, los empleados quieren ir más allá. Entienden que la RSE: «no es un tema secundario […] sino un cambio organizativo profundo». El momento decisivo llega cuando establecen la conexión con su profesión. Es en ese momento cuando la demanda de formación se intensifica.
Por ejemplo, una pyme del sector digital no se sentía inicialmente muy implicada en la RSE. Sin embargo, ante las exigencias de sus socios financieros, se vio obligada a reorganizarse y a formar a sus empleados en materia de digitalización responsable.
[Para recordar]
1. Impulsada por la dirección, la RSE se convierte en una palanca estratégica, un factor clave para el rendimiento y la transformación, en la que el departamento de compras desempeña un papel fundamental y se exigen resultados concretos.
2. Pasar a la acción es fundamental: la experimentación y la repetición permiten afianzar los comportamientos de forma duradera.
3. La RSE se integra en las distintas áreas de actividad a través de itinerarios formativos, lo que respalda un enfoque global y operativo.
La formación en RSE: un motor de acción fundamental para las empresas
Esta evolución también se ha reflejado en la oferta formativa en materia de RSE, destaca Gwénaëlle Dinspel.
Formación en RSE: formatos pedagógicos en plena transformación
Sí, confirma Julien Courbe, la oferta formativa en materia de RSE ha evolucionado profundamente en los últimos años. Al principio, estaba dirigida sobre todo a los directivos, tenía un enfoque «estratégico» y se impartía en formato de «seminario». Hoy en día, se está convirtiendo en mucho más operativa.
«Hemos pasado de la sensibilización a un enfoque más pragmático con el desarrollo de formatos híbridos, que combinan murales, talleres y simulaciones.»
Hoy:
- Los frescos ya no están aislados
- se integran en itinerarios
- con talleres y actividades prácticas
Una observación que también comparte Amandine Rovere: «Ahora imparto formación práctica». Los cursos de dos días son muy prácticos: los participantes plantean preguntas muy operativas y se van con soluciones prácticas.
Cuestiones técnicas… pero difíciles de poner en práctica
En la práctica, la mejora de las competencias sigue siendo un reto, sobre todo en el ámbito de las compras. Como explica Martin Desbois, la principal dificultad es traducir los retos de la RSE en contextos muy técnicos : «transformadores, cables […] en cantidades muy grandes». La integración de criterios como la huella de carbono es compleja. El riesgo es «comparar cosas que no son comparables».
¿Cuál es la solución? Estructurar las prácticas: «establecer un marco metodológico», con indicadores fiables y verificables.
Aún hoy, explica, «se presta mucho apoyo» y los equipos van ganando autonomía poco a poco. «Cada vez son más los compradores que dominan estos temas».»
Por lo tanto, el proceso es gradual: todavía cuenta con un amplio apoyo, pero los equipos están empezando a estructurarlo y a hacerlo suyo.
Competencias sociales: una herramienta tan estratégica como las competencias técnicas
Aunque las competencias técnicas son imprescindibles, no bastan por sí solas.
Para Amandine Rovere, El éxito de una iniciativa de RSE también depende de las personas : «Hay que ser capaz de motivar a los demás y, por lo tanto, de conectar con la gente». Esto implica:
Escuchar
Empatía
Liderazgo
Y, sobre todo, la capacidad de acompañar el cambio a largo plazo y una forma de resiliencia. De hecho, los profesionales de la RSE se enfrentan a un fenómeno de «stop-and-go» en el que, inevitablemente, se producirán bloqueos. Ser consciente de ello es un primer paso. El segundo consiste en desarrollar una actitud firme y segura para mantener el impulso.
«Las habilidades sociales son muy importantes. Para que esto funcione, necesitamos directivos con experiencia, apreciados, resilientes y optimistas. Es pedir mucho a los responsables de RSE, pero me parece imprescindible».»
Adaptar los formatos de formación en RSE a la diversidad de perfiles
Gwénaëlle Dinspel destaca la diversidad de públicos, profesiones y niveles de madurez en materia de RSE. ¿Cómo se adaptan los formatos de formación?
«La oferta ha cambiado mucho para adaptarse a esta diversidad», responde en primer lugar Julien Courbe. Hoy en día, los programas se organizan en varios niveles, según los perfiles. En el caso de los directivos, los formatos siguen estando orientados a la reflexión, con un enfoque basado en seminarios e intercambios estratégicos. Por el contrario, para los mandos intermedios y el personal operativo, el enfoque es mucho más concreto: formación práctica, simulaciones, experiencias sobre el terreno.
El objetivo es claro: integrar la RSE en la realidad de las distintas áreas de negocio.
Otro avance importante es la estructuración de la oferta. Ya no se concibe únicamente en función de la temática, sino en función de las necesidades y del perfil. Siguiendo esta lógica, se han creado recorridos completos emergentes, como la RSE Academy que combina formación y recursos (artículos de actualidad, seminarios web…).
Como resume Julien Courbe, «el primer nivel permite comprender los retos. El segundo es mucho más específico: la RSE en mi profesión, la RSE en mis prácticas».
El juego como motor del compromiso colectivo
En este contexto caracterizado por la diversidad, los formatos lúdicos están cobrando cada vez más importancia.
Para Mathilde Hébert, se trata incluso de una herramienta clave: «Llevamos seis años acompañando a empresas de todos los tamaños y sectores». Uno de los principales retos es la diversidad de niveles de concienciación dentro de las organizaciones. El juego permite precisamente superar esas diferencias.
«Es un tema muy serio y, a veces, hay que abordarlo de forma un poco indirecta. El enfoque lúdico permite dirigirse a todo el mundo, alejándose de los formatos verticalistas».»
Y es que, en ocasiones, la RSE sigue percibiéndose como algo restrictivo: puede generar «bastantes emociones negativas». El juego «permite dejar de sentirse culpable y hablar de ello de otra manera».
Los participantes:
- juegan juntos
- pasan a la acción
- se ayudan mutuamente
Y todo ello, sin juzgar.
Esta dinámica colectiva es fundamental. Cuanto mayor sea la participación, mayor será el impacto a nivel de la empresa.
El dispositivo también genera efectos cuantificables :
- reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero
- ahorro de recursos
- compromiso de los empleados
Otra ventaja: identificar los puntos de contacto internos, es decir, «personas con ganas de seguir comprometiéndose». Porque «la RSE no es solo cosa de los responsables de RSE»: la transformación debe involucrar a todo el mundo.
Por último, en Ma Petite Planète hay una novedad este año : aunque el formato básico sea común, puede ampliarse según las necesidades, o incluso personalizarse para cada empresa mediante un nivel 2. Sin dejar de lado el aspecto lúdico, esto permite trabajar en temas específicos o en cuestiones relacionadas con la profesión para impulsar la estrategia de RSE de las empresas.
Combinar formatos para satisfacer todas las necesidades
Ante unos niveles de madurez muy dispares, ¿deberíamos ampliar la variedad de formatos?, se pregunta Gwénaëlle Dinspel.
Para Amandine Rovere, la respuesta es clara: «Sí, la diversidad de formatos es esencial». Los talleres, en particular, desempeñan un papel fundamental: «Permiten...» romper las barreras » y hacer partícipe a toda la organización.
Porque una transformación en materia de RSE solo puede tener éxito si Todos los niveles avanzan:
- dirección
- gestión
- operativos
«Para que la RSE avance, necesitamos las ideas de todos. La transformación no puede recaer únicamente en unos pocos expertos. Al contrario, la diversidad de puntos de vista es una riqueza: es lo que permite que surjan soluciones concretas.»
La formadora comparte una experiencia reveladora: en una empresa que al principio se mostraba poco comprometida, un taller lúdico supuso un punto de inflexión. El resultado: «salieron con una sonrisa», a pesar de que al principio se mostraban reticentes. Estos formatos también tienen la ventaja de dirigirse a diferentes perfiles: algunos reaccionan ante las emociones, otros ante los datos o los hechos. Por lo tanto, «dependiendo de la experiencia que se ofrezca en directo, se llega a cada persona en un momento determinado».
Por último, estos talleres desempeñan un papel clave a largo plazo. Permiten reactivar el impulso cuando el compromiso disminuye : «Los utilizo cuando noto que la movilización va en descenso».
[Para recordar]
- Adaptar los formatos de formación en RSE a los perfiles y las necesidades
- Combinar la sensibilización y la formación
- Recurrir a formatos lúdicos para captar la atención
- Mantener el impulso a lo largo del tiempo
La diversidad de formatos es una condición indispensable para el éxito de la transformación de la RSE.
De la formación en RSE a la transformación sostenible
Gwénaëlle Dinspel inicia la reflexión sobre una cuestión clave: ¿cómo pasar de la formación a una transformación sostenible? Más allá de las competencias adquiridas, ¿cuál es el impacto real en las personas y las organizaciones? ¿Y cómo mantener esa dinámica a lo largo del tiempo?
El impacto de la formación en RSE: más allá de las competencias
La formación en RSE no solo transforma las prácticas, también influye en las personas. En particular, permite superar ciertas reacciones:
Negación
Ira
Ansiedad
Como explica Amandine Rovere: «Cada persona pasa por varias fases: negación, ira, tristeza, aceptación y acción». Comprender estos mecanismos permite acompañar mejor el cambio.
Cuando ayudamos a los equipos a comprender mejor lo que están viviendo, les proporcionamos puntos de referencia y facilitamos que pasen a la acción.
Medir el impacto de las acciones de RSE
En RTE, el impacto se mide a través de indicadores concretos, explica Martin Desbois. Esto hace que los resultados visibles.
Por ejemplo:
- % de compras que incorporan criterios de RSE
- volumen de compras responsables realizadas con agentes comprometidos (empresas adaptadas, etc.)
- % de consultas con criterios medioambientales
¿Cómo evitar el efecto «one shot»?
Una vez que los empleados han recibido la formación y se les ha sensibilizado sobre el tema, ¿cómo se puede garantizar que ese compromiso se mantenga a largo plazo?
Ante este riesgo principal de perder el impulso, «la solución es la repetición», subraya Mathilde Hébert. Para ello es necesario actividades habituales, como los retos.
En cuanto a la formación, los recorridos deben ser progresivos, añade Julien Courbe.
Ejemplo de estructuración temporal :
- primera fase de sensibilización
- desarrollo de competencias profesionales
- apropiación sostenible
No hay soluciones milagrosas; la transformación es un proceso que lleva tiempo.
Otra posibilidad: nombrar «embajadores de la RSE», de forma voluntaria. Para Martin Desbois, las redes internas desempeñan, de hecho, un papel fundamental. «Tenemos al menos un enlace en cada departamento».»
El papel de los embajadores:
- recopilar problemas y buenas prácticas
- difundir las iniciativas
- intercambiar
- integrar el enfoque en el día a día
Sin embargo, para mantener su dinamismo, estas redes deben evolucionar. Amandine Rovere recomienda «ir rotando a los embajadores». Esto permite renovar las ideas y evitar el agotamiento, tanto individual como colectivo.
Más allá de las medidas, los proyectos concretos también son potentes aceleradores.
Martin Desbois pone un ejemplo: la fabricación de cables a partir de materiales reciclados. El resultado: «gente muy orgullosa», equipos comprometidos y un fuerte espíritu de equipo.
Al crear vínculos, estos proyectos tienen un efecto multiplicador duradero.
[Para recordar]
A través de estos intercambios, se perfilan, por tanto, varias vías para asegurar la sostenibilidad de la RSE :
trabajar las habilidades y las emociones
crear una recurrencia
organizar redes de embajadores
basarse en proyectos concretos
La transformación depende tanto de las personas como de la organización.
En conclusión, cuatro consejos clave para llevar a cabo con éxito la transformación en materia de RSE
Combinar ambición y realismo
«Hay que creer en ello y soñar a lo grande», pero «sin dejar de ser bastante realista y pragmático», teniendo en cuenta las limitaciones operativas de las empresas y de las personas. Mathilde Hébert también aboga por dar ejemplo: Demostrad con acciones concretas que el cambio es posible.
Aceptar una lógica de progreso continuo
Para Martin Desbois, hay que avanzar de forma gradual. «Es mejor hacer algo imperfecto que no hacer nada», recomienda. En entornos técnicos exigentes, la tentación de esperar una solución perfecta puede ser fuerte. Pero eso frena la acción. Sé pragmático: avanza paso a paso, lo fundamental es que la transformación se produzca a lo largo del tiempo.
Asimilar los conocimientos de inmediato
Por su parte, Amandine Rovere insiste en la importancia de pasar rápidamente a la acción tras la formación: «lo ideal sería en las semanas siguientes». Para ello, fíjate unos objetivos sencillos y alcanzables : «Bastan entre 5 y 10 indicadores».
Fomentar la confianza mediante la formación en RSE
La confianza es un factor que a menudo se subestima, subraya, por último, Julien Courbe. A través de los comentarios de los alumnos, se observa que la formación permite desarrollar «una confianza real en la capacidad de actuar». Este sentimiento es determinante para pasar a la acción y comprometerse de forma duradera con las iniciativas de RSE. Por lo tanto, ¡Formaos!
En definitiva, a pesar de los diferentes perfiles y contextos, las intervenciones convergen. Para concluir estos intercambios, Gwénaëlle Dinspel destaca la complementariedad de los enfoques: no existe una única solución, sino un conjunto de medidas que hay que poner en marcha. La transformación en materia de RSE es un proceso a largo plazo. Por lo tanto, es necesario continuar con las iniciativas emprendidas, combinando formación, sensibilización y acciones concretas.
Descubre también en vídeo los mensajes clave que destacaron los ponentes al término de la mesa redonda:





